19 diciembre 2017

Cuento de Navidad


Para los despistados, ha llegado la temporada de reuniones, cenas, regalos, fiestas fastuosas y la típica película de Navidad. Las películas que se muestran en esta época del año son muy específicas en su género, no solo porque tienen personajes comunes como elfos, Santa Claus, renos o ángeles, sino porque presentan temas comunes como esperanza, amor, generosidad, amabilidad, caridad y gratitud.

Una de esas historias que suele repetirse en estas fechas se trata de la famosa obra “Cuento de Navidad” de Charles Dickens. Para los que no lo conocen, cuenta la historia de un hombre avaro y egoísta llamado Ebenezer Scrooge y su transformación tras ser visitado por tres fantasmas (pasado, presente y futuro) en Nochebuena.

Analizando al personaje central, Ebenezer, reconocí rápidamente el trastorno de depresión mayor (el propio Dickens sufría depresión, y probablemente trastorno bipolar). Me di cuenta de que no estaba reflejado como una persona alegre dentro de su avaricia, de hecho, no se alegraba de nada. Su Londres es un infierno acribillado por la enfermedad, la injusticia, el frío y la necesidad. Donde el dinero es la única protección (inadecuada y frágil) contra estos horrores, y el único pensamiento que tiene es el de trabajar tan duro como sea posible, todos los días, con el objetivo de acumular la mayor cantidad de dinero posible.

Pensándolo bien, en tal estado mental, la Navidad no tiene sentido. En pleno invierno, todos esos “zombis” comienzan a insistir en que es un día festivo; en realidad, quieren dejar de trabajar, dejar de hacer lo único que cualquier persona puede hacer para evitar el caos. "Bah, tonterías" no es una muestra de alegría; más bien, es una acusación: "¿qué derecho tienes de ser feliz?" sus deudas exceden sus ingresos. ¿Cómo es posible que todos sean tan ilusos de no ver que la vida es un gran prado lleno de dolor?

Analizando los pensamientos del personaje central, especialmente los mezquinos, se puede observar que sigue un patrón o "lógica" que aparece en personas afectadas con depresión. Ebenezer siente indignación al pensar que su empleado se sentirá "explotado" si tiene que trabajar en Navidad, pero nadie ve mal que él tenga que "pagar un día de salario por no trabajar". Cuando le preguntan para donar a los pobres, argumenta que su trabajo es trabajar y pagar impuestos, mientras que el trabajo de los pobres es ir a prisión, al asilo o simplemente morir y "disminuir la población excedente".

¿Cómo es posible que el Fantasma de Navidad del pasado cambie su forma de pensar, para hacerle sentir afecto y lástima? ¿Qué magia sucede cuando vuelven a visitar su infancia? 

Al principio de “Cuento de Navidad”, Scrooge encarna uno de los principios centrales de la depresión: siempre ha sido así, y siempre lo será. El Fantasma le muestra que, de hecho, él, como cualquier otro adulto, fue en un momento niño, que se vestía, caminaba y hablaba de manera diferente, y cuyo escudo y armadura aún no se habían desarrollado; una persona que, más tarde, construyó esas defensas y caparazones por una razón. Pero mirándolo bien, si el cambio sucedió una vez, bajo ciertas circunstancias, si no todo fue siempre así, inevitablemente, es posible un cambio adicional. Cuando el Fantasma del futuro navideño señala la escritura en la lápida, comprende por primera vez que todo puede borrarse y reescribirse de otra forma.

¿No sería una buena idea que nos visitaran nuestros fantasmas del pasado, presente y futuro? Una clara metáfora para entender de dónde venimos, donde estamos y hacia dónde queremos ir. Disfrutar el aquí y ahora, con la vista en el futuro, en las metas y objetivos; y con las lecciones del pasado. Has venido a ser feliz, no te distraigas.

Felices Fiestas.



P.D.: Volvemos en Enero.

1 comentario:

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