03 octubre 2017

Diabulimia: una bomba para adolescentes


Hace unos días leía en la BBC la historia de Megan Davison, una de tantas personas afectadas por bulimia, pero el caso era aún más peligroso. Megan, de 26 años, había intentado por primera vez quitarse la vida hace un año. A raíz del suceso, sus padres descubrieron padecía un trastorno alimenticio: la veían "algo más delgada" pero lo relacionaban a los efectos secundarios de la diabetes que padecía desde niña. El pasado mes de agosto, Megan se quitó la vida. Dejó seis folios escritos relatando su desesperación: "Nadie sabe ayudarme. Me dejan la insulina para que me la administre yo, y eso es como darle vodka a un alcohólico".


La diabulimia (acrónimo de diabetes y bulimia) es un trastorno alimenticio en el que enfermos de diabetes tipo 1, en la búsqueda de perder peso, omiten inyectarse insulina o se administran dosis menores a las requeridas. 

Existen dos tipos de diabetes: la tipo I y la tipo II. La diabetes mellitus de tipo 1, un mal congénito que se suele manifestar a temprana edad. Al contrario que la diabetes de tipo 2, que se desencadena a partir de predisposiciones genéticas y en función de los hábitos de vida, la diabetes de tipo 1 implica inyecciones diarias e incondicionales de insulina para sobrevivir.

La insulina es la hormona que permite descomponer la glucosa a nivel molecular para que el organismo la metabolice y la queme como energía o bien la almacene. Una persona con diabetes de tipo 1 no produce insulina, por lo que los azúcares se acumulan en su torrente sanguíneo provocando hiperglucemia. Sus consecuencias son graves, del fallo renal a la pérdida de visión pasando por el daño en los tejidos que puede desembocar en amputaciones médicas.

Pero al mismo tiempo, la ausencia de insulina favorece la eliminación de kilocalorías a través de la orina y esa es la terrible tentación para una persona diabética que padece además un trastorno alimentario derivado de una percepción distorsionada de su imagen corporal: abandonar un tratamiento que es materia de vida o muerte a cambio de lograr un adelgazamiento fulminante.

Causas

Es común que el tratamiento con insulina traiga asociado aumentos de peso, lo cual en ocasiones puede generar insatisfacción con el propio físico. Esto se agrava especialmente en casos de adolescentes con un mayor riesgo en mujeres de esta edad. Sin embargo, existe la falsa creencia de que la insulina, al ser una hormona anabólica, favorece el aumento de peso y que al dejarla, hay posibilidades de perder peso.

Esta falsa creencia puede llevar al adolescente a reducir o dejar de administrarse la insulina o que caiga en prácticas típicas de los trastornos alimenticios tales como la anorexia y la bulimia.

Señales

  • Hemoglobina glicosilada consistentemente alta.
  • Hospitalizaciones frecuentes por cetoacidosis diabética (CAD). 
  • Resultados poco fiables de los controles de la glucemia o ausencia de estos. 
  • Menstruaciones irregulares o inexistentes.
  • Fluctuaciones de peso inexplicables.
  • Preocupación excesiva por su peso e insatisfacción con su imagen corporal. 
  • Patrones de alimentación irregular. 
  • Malestar al tener que ponerse insulina ante otras personas.
  • Acopio de alimentos. 
  • Falta de conciencia del problema y de constancia en las citas con profesionales.
  • Depresión, ansiedad, cambios de humor y/o  fatiga.

Riesgos

A causa de los riesgos que comportan este tipo de trastornos para el paciente, se hace necesaria la intervención de un profesional de la nutrición que marque unas pautas alimenticias saludables evitando riesgos como cambios en los niveles de glucosa, por causa de unos hábitos de alimentación poco eficaces.

¿Cómo ayudar?

Por lo general, como con cualquier otro problema, el primer paso es identificarlo. No  juzgar a la persona ni acusarla, sino más bien hablar y mostrarle los síntomas o señales en ella de los trastornos de conducta alimentaria y sus riesgos. En ocasiones, poner nombre a esos síntomas o sentimientos ayuda a tomar consciencia de su situación. Debemos tener la precaución de no usar el miedo a problemas futuros, por lo general los adolescentes tienen la falsa creencia de que a ellos no les pasará o lo ven demasiado lejos. Su obsesión por perder peso es más poderosa que la idea de evitar problemas futuros por muy graves que sean.

Es necesario consultar lo antes posible con profesionales cualificados  y  que el paciente sea atendido por un equipo multidisciplinar especializados en TCA y diabetes. Es impotante saber que cuanto  más precozmente se detecte el problema, más posibilidades de  éxito. 

La ayuda del experto le facilitará  trabajar en dos objetivos importantes: control de glucemia y  peso saludable. Partiendo de las creencias, miedos, preferencias y necesidades del paciente, se informará sin tratar de presionar  o dar miedo y se darán recursos para trabajar los hábitos alimenticios saludables, efectos y manejo adecuado de insulina, práctica de ejercicio (si el estado físico del paciente lo permite)… Todo ello  ayudándole a encontrar motivaciones para modificar conductas para esa persona en concreto (ej. dejar de sentir cansancio,  sed y  ganas tan frecuentes de orinar, mejor concentración, rendimiento deportivo y estado de ánimo, etc.).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, antes de comentar lea las normas de uso. Gracias.