11 julio 2017

Todos estamos discapacitados


Vivimos en unos tiempos en los que la gente se escandaliza cuando escucha la palabra discapacidad. El problema no radica en la palabra en sí, sino más bien en lo que se piensa sobre la discapacidad. En primer lugar, la mayoría pensamos en la discapacidad de forma extrema, por ejemplo, una persona que ha perdido una extremidad, está paralizado y en una silla de ruedas, o es ciego. Básicamente, cualquier condición que es obvia y limita a la gente para hacer cosas que las demás si pueden hacer.

En segundo lugar, se suele pensar que la discapacidad es dicotómica; lo que significa que lo tiene o no. Pero yo veo la discapacidad como un continuo; una cuestión de grado, no de clase. Aunque no pensamos de esta manera muy a menudo, es posible ser un poco discapacitado, algo discapacitado o gravemente discapacitado, dependiendo de cuánto es el reto físico o psíquico que impide que las personas con discapacidad puedan participar en la lista de tareas que consideramos "actividades normales", desde hablar, oír y ver, caminar, comer y tener relaciones sexuales.

El hecho es que todos somos discapacitados de una forma u otra. Vamos a romper la idea que tenemos sobre la palabra discapacitado. Significa "incapaz". Bueno, pensándolo bien yo no soy capaz de hacer muchas cosas. No puedo hacer una cirugía a corazón abierto. Cuando intento cantar soy verdaderamente terrible. Soy incapaz de pintar un retrato. ¿Eso me hace discapacitada? Por supuesto que no, porque soy capaz de funcionar perfectamente bien en la mayoría de los aspectos de la vida.

Muchas personas que están etiquetados como discapacitados también pueden llevar vidas normales. Trabajan, se casan, tienen hijos, practican deportes,... Es cierto que hay quienes han sufrido daños físicos notorios que realmente les incapacitan, pero incluso muchos de ellos son capaces de llevar vidas productivas y satisfactorias, por ejemplo, Stephen Hawking.

Piensa en ello. Hay muchas más cosas que la mayoría de las personas con discapacidad pueden hacer que no hacer, por lo que son como cualquier otra persona.

¿Por qué lo que no son capaces de hacer define cómo los ven los demás (como discapacitados) cuando, en base a mi experiencia con estas personas, ellos no se definen de esa manera? Lo que no son capaces de hacer no debe determinar cómo otros los miran.

Siendo realista, no es sorprendente que la gente desarrolle ciertas percepciones sobre las personas con discapacidad. Normalmente, hacemos juicios basados ​​en la información que está más fácilmente disponible. Y sus discapacidades son más evidentes, mientras que no siempre se ven todas las habilidades que poseen, como el pensamiento razonado, sentido del humor¸ compasión, educación o amabilidad. He descubierto, tras pasar tiempo con personas con discapacidad, que sus discapacidades se desvanecen, que ves quienes son en el fondo y de lo que son capaces, pasando a un segundo plano su discapacidad. Las personas con discapacidad han pasado de ser discapacitados a ser sólo personas.

También tenemos una tendencia a idolatrar a las personas con discapacidad, a verlas como valientes y como inspiraciones para todos nosotros. Nos maravillamos de cómo superan sus discapacidades para competir en maratones, conseguir títulos universitarios o trabajar de forma autónoma. Creemos que son algo especiales y queremos aprender cómo han lidiado con sus vidas difíciles con la esperanza de que podamos usar esas lecciones para superar los desafíos comparativamente menores que enfrentamos en nuestras propias vidas.

Pero las personas con discapacidad que conozco no se consideran a sí mismas como diferentes o especiales. Recuerda que, en algún momento de su vida (a menos que nacieran con un problema fisico), no eran diferentes o especiales, eran iguales que el resto de nosotros. No poseen cualidades especiales, por ejemplo, resiliencia o una actitud positiva, que nos falta.

Lo que cambió fueron sus circunstancias, los desafíos físicos que cambiaron su vida. Las reacciones que consideramos sobrehumanas son, de hecho, decididamente humanas y residen en todos nosotros. Aunque podamos pensar que nos arrastraríamos hacia una bola y nos rendiríamos ante desafíos similares, la mayoría de nosotros probablemente reaccionaría con el mismo valor y determinación. Esa es la verdadera lección que podemos aprender de las personas con discapacidad.

Así que, la próxima vez que conozcas a una persona discapacitada, prueba dos cosas con ellos. En primer lugar, en vez de prestar atención a sus limitaciones, averigua cuáles son sus habilidades y aprende cómo se definen a sí mismos. En segundo lugar, no los trates como si estuvieran discapacitados, trátalos como a cualquier otra persona. ¿Sabes por qué? Porque son mucho más iguales al resto de lo que piensas.

Y, lo que es más importante, quieren ser vistos y tratados no basados ​​en su discapacidad, es decir, un pequeño aspecto de quiénes son, sino más bien en todas sus habilidades y en la totalidad de quiénes son.

Gracias por enseñarme tanto cada día; R. L. E. A. S. M. A. N. MC. MM.

1 comentario:

  1. Muy cierto lo que dices en tu artículo Rocío, creo que es algo sobre lo que debemos reflexionar. Realmente todos estamos discapacitados en ciertos aspectos y no quiere decir que no tengamos capacidad para llevar a cabo otra serie de cosas. Debemos variar esa opinión o efecto inmediato que nos produce al ver a una persona con algún tipo de discapacidad y pensar más bien en sus capacidades. Un artículo de lo más interesante. Abrazos.

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