25 abril 2017

La Diversidad Funcional


Hace algún tiempo he comenzado a trabajar con niños y adultos con discapacidad. Desde entonces son muchas las cosas que estoy aprendiendo de ellos, me están enseñando a cada instante cosas que pasan desapercividas en nuestro día a día. Me considero una fiel luchadora por eliminar las etiquetas como muchos de los que me siguen bien conocen y #discapacidad es una gran etiqueta. Por ello, desde hace algún tiempo se está utilizando el término Diversidad Funcional pero, ¿qué es? 

La Diversidad Funcional es un nuevo término que tiene como objetivo superar las definiciones en negativo de palabras como discapacidad o minusvalía. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), Discapacidad es un término general que abarca las deficiencias, las limitaciones de la actividad y las restricciones de la participación. Con este término se propone una visión positiva de la discapacidad hablando de “diferentes capacidades”, no de deficiencias, limitaciones ni restricciones, y a la vez que evitamos las diferenciaciones peyorativas como minusválido (menos válido). 

El término Diversidad Funcional se ajusta a una realidad en la que una persona funciona de manera diferente o diversa de la mayoría de la sociedad y fue propuesto por el Foro de Vida Independiente y Diversidad (2005) que lo define como “la diferencia de funcionamiento de una persona al realizar las tareas habituales (desplazarse, leer, agarrar, ir al baño, comunicarse, relacionarse, etc) de manera diferente a la mayoría de la población”.

Para que nos entendamos, vamos a ejemplificar:
  • Una persona sorda se comunica a través de lenguaje de signos y una persona oyente se comunica con el lenguaje oral y el sentido del oído. Ambos realizan la misma función: comunicarse; pero lo hacen de forma diferente. 
  • Una persona con lesión medular utiliza su silla de ruedas para desplazarse, mientras que una persona sin lesión medular utiliza sus piernas: diferente manera de realizar la misma función: desplazamiento a pie o en silla de ruedas.
De este modo, al utilizar éste término no hablamos de discapacidad, es decir, de que no es capaz de hacer algo, sino que la función (desplazarse, comunicarse) se realiza de manera diferente. Diferentes maneras de hacer la misma cosa. 

 

¿Usamos correctamente el lenguaje cuando hablamos de Discapacidad? 

En la sociedad actual, afortunadamente cada vez menos, se puede oír en la calle términos como “retrasado”, “subnormal”, “inválido”… para describir a alguien que tiene algún tipo de discapacidad. Estos adjetivos se traducen en personas “no válidas”, “no normales”, “menos válidos”… 

Estos términos dan a entender como si no fueran capaces de hacer nada en la vida (la propia palabra lo dice), y además lleva implícito la idea de que no pueden hacer nada por sí mismo y que deben ser atendidos por otras personas. Y ésto, sin duda, no es así. Todos formamos parte de una sociedad diversa, y no es necesario ponerles más obstáculos… ya tienen suficientes con las barreras que deben superar todos los días: las barreras arquitectónicas en personas con movilidad reducida, la falta de información y adaptación al lenguaje de signos en las personas sordas, o la falta de estructuración visual en los edificios públicos para las personas con autismo. Es la sociedad la que debe facilitar esa serie de instrumentos para que todos podamos demostrar lo que valemos.
“Lo más importante que hay que saber a la hora de mencionar a personas con discapacidad es que son personas, y por tanto, son muy distintas entre sí, incluso en lo que se refiere a su actitud sobre su discapacidad, algunas personas prefieren términos diferentes, otras se ofenden mucho con la terminología y a otras les da igual. Para la mayoría de personas con discapacidad, lo importante es que se muestre respeto por la persona, y se vea más allá de la discapacidad.” (Henry, 2008).

Por último, os animo a reflexionar con este párrafo extraido de la Guía para un uso no discriminatorio del lenguaje (en el entorno de la discapacidad) que resume mi visión, y la de muchos profesionales, familiares y afectados, sobre la terminología referida al mundo de la Discapacidad/Diversidad Funcional: 
“La cuestión no está en inventar cada vez más y más palabras o crear un lenguaje políticamente correcto para designar el hecho de la discapacidad. Las personas con discapacidad existen, igual que existen mujeres y varones, personas blancas y negras, altas y bajas, adultas, adolescentes, bebés y ancianas,... El problema no está en la diversidad, en la existencia de gente diferente, más bien todo lo contrario: la diversidad enriquece. El problema está en la valoración desigual que se hace de la diferencia, lo cual convierte la diferencia en desigualdad. Por ello, con toda nuestra mejor intención podremos sacar a la luz vocablos nuevos, pero esto de nada vale si no eliminamos de nuestras cabezas la concepción de que quienes tienen discapacidad, al igual que las personas de cualquier otro colectivo excluido o en riesgo de exclusión, son personas de segunda categoría. De nada sirve puesto que, con el tiempo, esos conceptos adquirirán otra vez ese sentido discriminatorio y tendríamos que volver a crear otros.” 

Sin ninguna duda este es el trabajo más complejo al que nos enfrentamos familiares, profesionales y los porpios afectados: el poder cambiar esta idea en la sociedad, para que no tengamos que emplear en el futuro ningún término más. 

Para ello es necesaria la visibilización, la información, la concienciación, el respeto por la diferencia, entre muchas otras tareas. Porque una sociedad plural y diversa es la sociedad del futuro. Porque somos seres únicos, diferentes, con nuestras fortalezas y nuestras carencias; y debemos ser vistos así, sin comparaciones. Porque todos somos diferentes de uno u otro modo.

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