21 febrero 2017

Hemofobia o miedo a la sangre

hemofobia

La fobia más común dentro de los trastornos de ansiedad es la hemofobia, también llamada hematofobia. Las personas que lo sufren tienen un miedo extremo a la sangre, temen las heridas, los cortes e incluso a las jeringuillas. 

 Experimentar fobia a la sangre, como cualquier otra fobia, suele ser aceptado como ilógico por parte de la persona que lo sufre, pero esto no le ayuda en nada a la hora de lidiar con ella. Es un trastorno de ansiedad que puede hacer que incluso a la persona más fuerte le tiemblen las rodillas.

Los síntomas de la fobia Sangre Para alguien que sufre de hematophobia, el pensamiento o la visión de la sangre desencadena automáticamente un miedo irracional que parece dominarles psicológicamente, e incluso físicamente. 

Este tipo de fobia presenta una gran diferencia respecto a las otras fobias, la respuesta corporal es bifásica. Cuando una persona con hemofobia está en presencia de sangre se produce un aumento de la respuesta cardiovascular, aumentando así el latido cardíaco y la presión arterial, sin embargo, justo después este aumento disminuye de forma brusca provocando náuseas, mareos, sudores, palidez y, en ocasiones, el desmayo. Es por esto por lo que las personas con este tipo de fobia suelen relatar una historia de episodios de desmayos recurrentes. 

Las personas con fobia a la sangre suelen temer esta respuesta más que a la propia sangre o a las jeringuillas en sí, es decir, anticipan que pueda producirse un desmayo y las desagradables sensaciones de mareos y náuseas. Esta anticipación les causa un intenso miedo que les lleva a evitar cualquier situación relacionada con la sangre.

¿Cuáles son las causas?

Las causas reales de esta fobia casi siempre se encuentran en el pasado de la persona. En algún momento en el pasado, la mente subconsciente ha vinculado el pensamiento o la visión de la sangre como algo peligroso. Ante estos pensamientos el cuerpo se activa en modo alerta generando ansiedad, creando un vínculo de forma automática sangre-peligro.

Este vínculo puede haber ocurrido como resultado de una experiencia traumática que implica sangre, como un accidente o un procedimiento médico en el cual se ha extraído la sangre. O también debido a una inyección, un análisis de sangre o similares. 

Otro modo de adquisición ha podido ser al experimentar las sensaciones de forma indirecta a través de otra persona a través del "contagio emocional", o también por modelado. Por otro lado, existe la teoría de que pueda tener un componente genético o una predisposición a padecerla ya que se dan casos en familias donde son varias personas los que la sufren. Pero esto también puede deberse a la capacidad del niño para modelar el miedo de los padres u otros parientes. 

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Sea cual sea la causa, el hecho es que esta fobia puede afectar en gran medida e incluso poner en peligro la salud de la persona. Por que, a menudo, la persona con fobia a la sangre evita cualquier situación o procedimiento que genere una extracción de sangre. Incluso pueden extrapolar su miedo a hospitales, médicos, enfermeras,... 

En algunas personas, la hemofobia va acompañada por un temor subyacente a las agujas (tripanofobia) o por el miedo a la muerte (tanatofobia).

¿Cuál es el tratamiento?

El enfoque estándar para el tratamiento es el mismo que con cualquier otra fobia. Esto es terapia cognitiva-conductual y desensibilización. En los últimos años, la técnica conocida como tensión aplicada, la aplicación de tensión a los músculos en un esfuerzo para aumentar la presión arterial, se ha ganado cada vez más adeptos como un tratamiento, a menudo, eficaz para la fobia sangre. Debido a que el miedo a la sangre es extremadamente común, con frecuencia se explota en la cultura popular.

No dudes en consultar con un Psicólogo si tienes este problema porque se puede solucionar.

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