08 noviembre 2016

Síndrome de Procusto: el error de descartar al que sobresale


Hace algún tiempo leí una frase que decía algo así como: si encuentras a alguien con más talento que tú, hazle un contrato y págale más de lo que tu cobras.

Un empresario sabio, con ganas de prosperar entiende perfectamente la necesidad de tener "cerebros" en la empresa. Sin embargo, la realidad es que son más los que prefieren no contar en sus empresas con trabajadores innovadores. ¿Por qué? 

La respuesta es sencilla, algunos directivos o mandos intermedios tienden a eludir su principal responsabilidad: tomar decisiones adecuadas para su empresa. Debido a la incapacidad de estas personas de reconocer como válidas ideas de otros, el miedo a ser superado profesionalmente por un subordinado o la envidia, se dedican a poner impedimentos a las iniciativas, aportaciones e ideas de aquellos que pueden dejarles en evidencia. 

El Síndrome de Procusto recibe su nombre del mito griego de Procusto. Se puede observar con frecuencia en entornos laborales y, sin duda, resulta nefasto para cualquier organización o equipo.

En la mitología griega, Procusto ofrecía posada al viajero solitario, lo invitaba a tumbarse en una cama de hierro y mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta y su cuerpo era más largo que la cama, procedía a serrar las partes del cuerpo que sobresalían: los pies y las manos o la cabeza. Si, por el contrario, era de menor longitud que la cama, lo descoyuntaba a martillazos hasta estirarlo. Según otras versiones, nadie coincidía jamás con el tamaño de la cama porque Procusto poseía dos, una exageradamente larga y otra exageradamente corta, o bien una de longitud ajustable.

Procusto continuó con su reinado de terror hasta que se encontró con el héroe Teseo, quien invirtió el juego, retando a Procusto a comprobar si su propio cuerpo encajaba con el tamaño de la cama, proporcionándole de su propia medicina. 

Básicamente Procusto se ha convertido sinónimo de uniformidad y su síndrome define la intolerancia a la diferencia. Así, cuando alguien quiere que todo se ajuste a lo que dice o piensa, lo que quiere es que todos se acuesten en el ‘Lecho de Procusto’.

El Síndrome de Proscuto está en todos los ámbitos de la vida: laboral, educación, nivel social, política,... y suele conllevar un riesgo para su puesto.

Puede decirse que existen dos tipos de personas con este síndrome: los inconscientes y los conscientes. En el primer caso es un modelo autoritario y todo lo que difiera se considera una falta de respeto. Su idea siempre es la mejor y los demás deben de adaptarse a ella aunque constituya el mayor de los desastres. Sin embargo hablan de tolerancia, intercambio de ideas, mientras ellos son los más intolerantes.

En cuanto al otro tipo, de quien sí es consciente tiene raíz en traumas del pasado, un posible fracaso escolar, nulas amistades y que alguien pueda usurpar su lugar es trae de vuelta los sufrimientos pasados. Tienen miedo de que se reconozcan capacidades de otros que él no tiene, es decir, temen que alguien pueda hacerle sombra. Tienen miedo de ‘jóvenes, nuevos y proactivos’ con conocimientos, capacidades o iniciativas que ellos no poseen. 

Como consecuencias, estas personas generan un clima laboral de tensión y estrés. Priman su visión personal, o incluso sus intereses particulares, frente a la maximización del rendimiento y la eficacia, dejando a un lado el trabajo de equipo. Deforman, ocultan o interpretan los datos para que confirmen su hipótesis previa. No asignan tareas a quienes las harían mejor, cierran su acceso a proyectos en los que destacarían, no les evalúan correctamente en los controles internos. Exigen niveles de perfección que, en muchas ocasiones, ni ellos las tienen ni se pueden alcanzar.

El problema no es tener subordinados que saben más que tú sobre determinados temas, el problema es no saber gestionar ese talento.

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