03 mayo 2016

Mentirosos compulsivos: Mitomanía

psicologia, mi profesión Rocío Medina

A lo largo de nuestra vida podemos encontrarnos con personas que cuentan algo que luego resulta no ser cierto. Puede ser una anécdota o algo puntual, pero cuando las mentiras son constantes, es posible que estemos ante una persona que que podríamos catalogar como mitómanos, es decir, una persona que miente casi de forma compulsiva.

La mitomanía, mentira patológica o pseudología fantástica son tres de los varios términos aplicados para nombrar el comportamiento de los mentirosos compulsivos o habituales. Las mentiras van desde historias y hechos que no han ocurrido, hasta simular enfermedades físicas o mentales y llegan hasta tal punto que es capaz de creerse sus propias mentiras. Fue descrita por primera vez en 1891 por Anton Delbrueck en la literatura médica. 

La principal causa es la baja autoestima, sobretodo personas que no aceptan cómo son, tienden a crear una realidad paralela, mucho más satisfactoria. Otras causas pueden ser el estrés o episodios de alta ansiedad. Son personas que carecen de ciertos valores morales, son traidores, desleales, sin ningún rubor ante la mentira. Se convierte en una persona solitaria, incapaz de afianzar relaciones sociales, más allá de los lazos familiares afectados cercanos. No ser descubierto le produce satisfacción, creando un adicción peligrosa que alimenta su trastorno.

Llegados a este punto, es necesario aclarar la diferencia entre un mentiroso y una persona que padece mitomanía. El mentiroso miente con una finalidad, ya sea protegerse o defenderse de algo o alguien, siempre tiene un motivo para no decir la verdad. Sin embargo, el mitómano miente de forma compulsiva, a veces sin motivación, con mentiras absurdas e inexcusables, creándose situaciones ridículas. 

No existe un patrón sobre donde será la primera vez, ni cómo se mantendrá, pero si es cierto que si la persona se encuentra en una ambiente donde dicha conducta es normal, aceptada o justificada será mas fácil que se repita.

Combatir la mitomanía es un ejercicio de paciencia, comenzando por hacer ver al mitómano su actitud ante las mentiras y fantasía. Hacerlo consciente de su problemática, pues si el mentiroso compulsivo no es capaz de aceptar su problema, poco se puede hacer. Es necesario ser  firme y serio ante cualquier mentira descubierta. Los familiares o las personas cercanas al mitómano deben de pedir orientación a un profesional, para que pueda crear un plan de actuación óptimo para acometer el tratamiento con éxito.

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