12 abril 2016

Cuando la responsabilidad se difumina: El efecto espectador


A mediados de los 60 la joven neoyorquina Kitty Genovese de 29 años fue apuñalada. Se pudo establecer que al menos 38 vecinos presenciaron el hecho y no hicieron nada. El caso fue muy comentado en medios de comunicación. ¿Cómo es posible que nadie hiciera nada?

A partir de este caso, los psicólogos John Darley y Bibb Latané decidieron investigar el hecho en el laboratorio. Se puso a un sujeto solo en un cuarto y se le dijo que podía comunicarse con otros sujetos a través de un intercomunicador. En realidad, sólo estaba escuchando una grabación de radio y su micrófono estaba apagado hasta que fuera su turno de hablar. Durante la grabación, uno de los sujetos fingió tener un ataque repentino. El estudio demostró que el tiempo que se tardaba en avisar al investigador variaba inversamente con respecto al número de sujetos. En algunos casos nunca se llegaba a avisar al investigador.

De esta investigación se extrajo lo que se conoce como "efecto espectador". Se trata un fenómeno psicológico por el cual es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que cuando se está solo. En otras palabras, a mayor número de espectadores de la situación de emergencia, mayores probabilidades de que ninguno de ellos intervenga. El "efecto espectador" corresponde a lo que en Teoría de Juegos se conoce como "dilema del voluntario" y constituye un problema clásico de "acción colectiva" que se refleja en expresiones populares como "quién pone el cascabel al gato" o "uno por el otro y la casa sin barrer".



La explicación más común de este fenómeno es que, con otras personas presentes, los observadores asumen que otro intervendrá y todos se abstienen de hacerlo. El grupo hace que se difumine la responsabilidad. También  pueden asumir que habrá alguien más preparado para ayudar como un médico o un policía y pensar que su intervención sería innecesaria. Pueden sentir vergüenza de ofrecer una ayuda que no se le ha pedido. Otra explicación puede ser que los espectadores observan las reacciones de otras personas para determinar si es necesario intervenir. Dado que los demás están haciendo exactamente lo mismo, la gente concluye que la ayuda es innecesaria, en lo que puede ser un ejemplo de ignorancia colectiva.

Fuente: Psicología social, Ediciones Paraninfo (2009) [pp. 271]

¿Cómo evitamos el efecto espectador?

Dado a que a mayor número de personas menor probabilidad de recibir ayuda, se aconseja acercarse a una persona concreta y solicitar su ayuda de forma expresa. De este modo se evita la ambigüedad de la situación de emergencia, las dudas o el esperar que otra persona ayude.

Existen una serie de factores que hace más fácil que podamos ayudar:

  • Si observamos a alguien que ya está ayudando: los modelos positivos son imitados rápidamente.
  • Si no vamos con prisa: las prisas reducen la probabilidad de que ayudemos.
  • Depende de las características de la persona en apuros (aspecto, edad, sexo...).
Ahora ya sabemos por qué no ayudamos a alguien en apuros si hay más gente alrededor. Y teniendo en cuenta que ya lo sabemos, ¿reaccionarás igual la próxima vez que te ocurra? 

2 comentarios:

  1. Oh me gustó mucho este post! Gracias por la información,actuare la siguiente vez

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  2. Interesante, y lo he notado. Pero hay una cosa por aclarar y es lo último dicho ya que depende de la persona que necesite la ayuda, por ejemplo, una chica, ahí los barones corren a ayudar. Total.
    En otras ocasiones, alguien pide que los demás ayuden y es ahí cuando entran a ayudar. Un caso raro, pero que se está dando por temas de inseguridad, por acá mi país, es que a veces la comunidad intenta tomar la justicia por cuenta propia, en este caso, he notado que suelen apoyarse entre las personas, aunque creo que lo hacen sólo por el desprecio que tienen hacía personas que roban con arma blanca.

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