05 enero 2016

Engaños del cerebro: Ilusiones ópticas


El cerebro nos engaña, nos toma el pelo continuamente y un ejemplo de ello son las ilusiones ópticas. Nos hacen ver algo que en realidad no está, o somos incapaces de ver algo que sí está, o vemos un objeto complementarte distinto del que en realidad hay. Nuestras percepciones contradicen las propiedades físicas de lo que estamos observando. De esta forma, comprenderíamos por qué las ilusiones visuales son tan útiles para los magos o ilusionistas. En cambio, para los científicos, estas ilusiones constituyen una herramienta indispensable para explicar los circuitos neuronales y los cómputos gracias a los cuales el cerebro construye sus experiencias cotidianas. Por definición, las ilusiones visuales son percepciones visuales subjetivas que no se ajustan a la realidad del mundo que nos rodea. 


Porque la verdad, por asombrosa que parezca, es ésta: es nuestro cerebro el que construye la realidad, tanto visual como de cualquier otro tipo. Lo que vemos, oímos, sentimos y pensamos se basa en lo que esperamos ver, oír, sentir y pensar. A su vez, nuestras propias expectativas se basan en la totalidad de nuestros recuerdos y experiencias previas. Lo que ves aquí y ahora es lo que te resultó de utilidad en el pasado. Sabes que las sombras se proyectan de determinada manera dependiendo de la hora del día, que normalmente ves caras de la gente en posición vertical y que la gravedad ejerce una influencia predecible sobre todas las cosas. Cuando estas predicciones no se cumplen, tu cerebro necesita más tiempo para procesar los datos, o tal vez centre su atención en ese incumplimiento. Pero cuando todo va según lo previsto, sin sorpresas, tu sistema visual se pierde muchas de las cosas que suceden a tu alrededor. He aquí por qué puedes volver a casa sin recodar lo que ha ocurrido desde que saliste del trabajo hasta que has aparcado el coche.

¿El tono de gris es el mismo en A que en B?

Son los mecanismos cerebrales los que provocan las ilusiones percibidas, las reacciones automáticas e incluso la consciencia misma son lo que definen quienes somos. Los ilusionistas y magos comprenden, con una gran intuición, que somos únicamente nosotros quienes creamos nuestra realidad, y saben explotar el hecho de que nuestro cerebro lleva a cabo una sorprendente cantidad de funciones instantáneas para construir la simulación mental que conocemos como "consciencia". Con ello no se pretende decir que a realidad objetiva no esté "ahí fuera" en el verdadero sentido del término. Sin embargo, todo lo que experimentamos es una simulación. El hecho de que la consciencia ofrezca una transcripción sólida, resistente y abundante en detalles de la realidad es una de las ilusiones que nuestro cerebro crea por sí mismo. Pensémoslo bien. La misma máquina neuronal que interpreta la entrada de la información sensorial real es también la responsable de nuestros sueños, de nuestras falsas ilusiones y nuestros fallos de memoria. lo real y lo imaginado comparten la misma fuente física en el cerebro.

Tal vez uno crea que las líneas que ve son curvas, pero cuando las mide con una regla descubre que son rectas, o quizás piense que no se le escapa nada, pero el ladrón consigue quitarle el reloj delante de sus propias narices sin que se dé cuenta. Creemos que somos conscientes de lo que sucede a nuestro alrededor, pero por lo general desechamos el 95% de lo que ocurre. Las ilusiones se producen por estos procesos cerebrales y errores de percepción para jugar con nosotros, una especia de jiu-jitsu mental. Los samuráis inventaron el  jiu-jitsu para poder seguir luchando en el caso de que el sable se les rompiera en la batalla. Golpear a un enemigo con armadura hubiese resultado del todo inútil, de ahí que el jiu-jitsu se fundamente en el principio de aprovechar la energía del atacante para hacerle frente, en lugar de oponerse a ella. Las ilusiones, los trucos de magia se basan en algo parecido, usar contra nosotros las propiedades intrínsecas de nuestra mente. Lo que hacen es mostrar nuestro cerebro tal cual es, como un mentiroso.

Nuestro sistema visual está constituido básicamente por el ojo y el cerebro, pero no deberíamos compararlo con una de esas cámaras FullHD capaces de tomar imágenes del mundo con una gran cantidad de píxeles. Se trata más bien de un arreglo, un apaño bastante evolucionado de circuitos que depende de aproximaciones, suposiciones, predicciones y otros atajos para construir literalmente lo que podría estar ocurriendo en un mundo dado.

¿Qué sabemos de estos circuitos? ¿Qué aspectos del cerebro son exactamente los que conducen a las ilusiones visuales? ¿Cómo podemos explorar el sistema visual para comprender la fuente primordial de las ilusiones? Digámoslo ya; por lo general no podemos.

Pero para entender cómo se producen las ilusiones antes debemos conocer nuestro sistema visual. Y es que nuestros ojos tan solo nos dicen una parte de lo que somos capaces de "ver"; del resto se encarga nuestro cerebro a través de un verdadero laberinto de estados.

La primera capa del sistema visual la componen los fotorreceptores de nuestros ojos, que convierten la luz en señales electroquímicas. En esta capa surge asimismo un atributo fundamental del cerebro: el ser capaz de detectar el contraste. Esta propiedad constituye la base de cualquier cognición, incluyendo la capacidad de ver, oír, sentir, pensar y centrar la atención en algo. Sin ella, el mundo carecería de límites y por tanto el cerebro seria incapaz de dar sentido a nada que estuviera dentro o fuera de si mismo.

La información que recibe la retina se envía a un haz de fibras llamado nervio óptico que trasmite los patrones electroquímicos al cerebro. Todo lo que percibimos entra en el cerebro en forma de patrón. En realidad no "vemos" algo; lo que hacemos es procesar patrones relacionados con objetos, personas, escenas y acontecimientos para construir la representación del mundo. Esta información realiza una breve parada en el centro del cerebro, el tálamo, antes de de ascender a la corteza visual primaria. Aquí es donde se detecta en primer lugar las diferentes orientaciones de líneas, bordes y márgenes de una escena visual.

Si ascendemos en la jerarquía, encontraremos neuronas que se activan en respuesta a los contornos, curvas, movimientos y colores, e incluso a rasgos específicos como las manos y los rostros. Tenemos neuronas binoculares, esto es, que responde a la estimulación de ambos ojos y no a la de uno solamente. Algunas responde sólo cuando el objeto se mueve de izquierda a derecha, otras, en cambio solo se activa cuando se mueve de derecha a izquierda. Las hay que responden únicamente a los movimientos que van de abajo a arriba o al revés. Y otras que responden mejor a un contorno en movimiento, o a un contorno en movimiento con una orientación determinada. De este modo, se pasa de detectar ciertos puntos de luz en los fotorreceptores a detectar la presencia de contrastes, contornos y bordes, para acabar construyendo objetos enteros, lo cual incluye la percepción de su color, tamaño, distancia y relación con otros objetos.

En este proceso nuestro sistema visual hace continuas suposiciones y deducciones desde el principio. Percibimos un mundo tridimensional a pesar del hecho de que lo que recibe cada retina es una simple imagen bidimensional. Los circuitos visuales amplifican, contienen, convergen y divergen la información visual. Percibimos lo que vemos como algo diferente de la realidad. La percepción implica, pues, resolver un problema de amigüedad, obtenemos la interpretación más plausible de los datos que entran en la retina integrando una serie de indicios locales. Pensemos en la luna llena elevándose en el horizonte. Nos parece enorme y, sin embargo, al cabo de unas horas, cuando brille en lo más alto, que es, de hecho, cuando más cerca está de nosotros, la veremos más pequeña. el disco que impregna nuestra retina no es mejor cuando la luna está en su cenit que en el momento que se eleva. 

Entonces, ¿por qué la luna nos parece más pequeña? Una posible respuesta es que la vemos tan grande cuando se eleva porque la comparamos con los árboles, las colinas o cualquier otro objeto que aparezca junto a ella en el horizonte. Lo que hace el cerebro es, literalmente, agrandarla en función del contexto. Del mismo modo, un trozo de papel de color gris puede parecernos más oscuro si está rodeado de blanco, y más claro si está rodeado de negro (ilusión: ¿es del mimo tono de gris A que b?).

Ilusión de la luna

Además, inventamos gran parte de lo que vemos. Digamos que "rellenamos" los huecos de las escenas visuales que el cerebro no puede procesar. Y es lo hacemos debido a las limitaciones en número de neuronas y conexiones neuronales que subyacen a los procesos sensoriales y mentales. Por ejemplo, el nervio óptico contiene todas las fibra que envían la información visual a nuestro cerebro. Cada nervio óptico se compone de aproximadamente un millón de cables neuronales que conectan cada retina al cerebro, cada uno de estos cables ese denomina axón y constituye un "píxel" de la imagen vial que percibimos. Por tanto podemos decir que cada ojo equivale más o menos a una cámara de un megapíxel. Parece mucho, pero tengamos en cuenta que seguramente la cámara de nuestro teléfono móvil tiene más resolución. Entonces ¿Cómo es posible que nuestra percepción del mundo sea tan rica y detallada, si en realidad la resolución de nuestro sistema visual equivale al de una cámara digital barata? En pocas palabras porque la riqueza de nuestra experiencia visual es una ilusión creada por los procesos de "relleno" de nuestro cerebro.

En resumen, lamentablemente, no podemos fiarnos ni de nuestros propios ojos.

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Extracto de: Martínez-Conde, S., Macknik, S. L. (2013) Los engaños de la mente. Ed: Destino

2 comentarios:

  1. Las ilusiones y su elaboración neuropsicológica y fisiológica, personalmente me ha fascinado esta nueva entrada. Es un tema que siempre me ha interesado ya que nos viene a decir el complejo y avanzado sistema de procesamiento que constituye el cerebro humano. Muy buenos los ejemplos que nos sitúan a complementar estas explicaciones. Como siempre, el blog de referencia de la Psicología comienza el año de forma enérgica y apostando por contenidos de calidad. Feliz 2016, mis mejores deseos Rocio. Saludos.

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    1. Muchas gracias Ángel por tu comentario. La verdad que es un tema que por sí solo genera fascinación. Feliz entrada de año, también yo te deseo lo mejor personal y profesionalmente. Un abrazo.

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