01 diciembre 2015

¿Y si pudiéramos recordarlo todo?


¿Has deseado alguna vez no olvidar nada de tu vida? Muchas son las personas que responderían que les gustaría gozar de una buena memoria. Da mucha rabia cuando a uno se le olvidan pequeños detalles de qué es lo que cenó la noche anterior, dónde ha dejado el coche aparcado o se le vence el pago de un recibo porque se le fue de la cabeza.

Ahora imaginaos a una persona incapaz de olvidar hasta el más mínimo detalle. Alguien que tiene el don de recordar fechas concretas de su vida, a pesar de que hayan pasado quizás más de 30 años. Esta es la historia de Solomon Shereshevsky. Lo mas probable es que no te suene de nada este nombre, y posiblemente ni siquiera sepas pronunciarlo, pero este hombre fue todo un hallazgo científico en la década de 1920. 

Solomon Shereshevsky / Wikimedia
Allá por 1905 Solomon Shereshevsky, de 19 años, era un periodista de Moscú que nunca tomaba notas. Un día su jefe se percató de que el joven no apuntaba nada y le echó la bronca. De aquella bronca, Shereshevsky acabó en la consulta del psicólogo, más concretamente, un neuropsicólogo. Nacido en una familia de clase media-alta, con unos padres bien educados y con varios hermanos y hermanas y con una memoria normal. A primera vista, daba la impresión de tener cierto retraso, timidez y sorpresa por ese excesivo interés por su memoria, ya que él creía que era tan normal como cualquier otra persona.

Solomon no apuntaba nada porque era capaz de recordarlo todo, palabra por palabra. Su capacidad sorprendió tanto a su jefe que le puso en contacto con el experto Alexander Romanovich Luria (fundador de la neurociencia cognitiva). Estos hechos están narrados en el libro "Small book about a large memory" escrito por el neuropsicólogo.

En la primera sesión, Luria sometió a unas duras pruebas a Solomon, o como se referían a él durante este estudio científico, “S“: le leyó series de números y letras (primero de 10 elementos, pero acabaron siendo de 70), fórmulas matemáticas complejas y textos y poemas en otras lenguas para comprobar si podía repetirlos de memoria. Y, como era de esperar, Solomon lo hizo sin equivocaciones. Incluso era capaz de repetirlo en orden inverso. Este fue el punto de inflexión que llevó al neuropsicólogo a estudiar el caso durante los siguientes 30 años y a documentar el primer caso de hipermnesia (Hyperthymesia, exceso de memoria).

Dieciséis años después esta primera sesión, Luria le preguntó a Shereshevsky si la recordaba. "Sí, fue aquella vez en la que me recitaste series en tu apartamento. Tú estabas sentado en la mesa y yo en la mecedora. Vestías un traje gris, y me mirabas así…". Shereshevsky fue capaz de reproducir todos los números, letras, poemas de aquel día junto a la descripción gráfica de la escena, incluyendo la vestimenta del psicólogo. Un hecho que le dio la pista a Luria de cómo funcionaba la memoria de su sujeto: las imágenes eran la clave.

Y ¿qué hay de malo en tener supermemoria? 

Shereshevsky, al darse cuenta de que tenía un don especial, quiso ganarse la vida con él. Dejó el periódico y comenzó a actuar en bares. Pero todo aquello acabó pasándole factura por varios motivos… El primero, porque necesitaba una concentración absoluta: una simple tos era capaz de interrumpir su proceso mental y crear un "borrón" en su memoria. El segundo, porque tenía asociada a su hipermnesia una fuerte sinestesia (mezcla de sentidos). Es decir, las palabras tenían colores, sabores, peso… lo cual le era muy útil para recordar, pero eran un problema para desarrollar un vida normal o para relacionarse con los demás. Por ejemplo, al pensar sobre los números él señaló:
“Tome el número 1. Éste es un hombre orgulloso, bien constituido; 2 es una mujer animosa; 3, una persona oscura; 6, un hombre con un pie hinchado; 7, un hombre con un bigote; 8, una mujer muy robusta. En cuanto al número 87, lo que yo veo es una mujer gorda y un hombre que gira su bigote”.

"S" no podía mantener una conversación normal, demasiado estresado por el cúmulo de detalles que retenía, y acababa recordando hasta el hecho más insignificante de su vida. Tomar una simple decisión le resultaba casi imposible, ya que toda la información almacenada (y sin jerarquizar) se le agolpaba en la cabeza. 

Al final, Shereshevsky dejó la vida del espectáculo y terminó convertido en taxista por las calles de Moscú. Quien tuviera la memoria más prodigiosa conocida, murió en 1958, en el más absoluto anonimato.

Un ejemplo, en la pequeña pantalla, es el de Carrie Wells (Poppy Montgomery), protagonista de la serie de ficción "Imborrable". En todo el mundo se conocen apenas media docena de casos de personas con hipermnesia. ¿Aún quieres poder recordarlo todo?

Referencias
WikipediaAbc.es

4 comentarios:

  1. Recomendable, un post muy interesante de una historia fascinante. Como siempre Rocío, muy buen trabajo. Gracias por acercarnos de una forma tan interesante y entretenida estos retazos de historia de la Psicología tan curiosos y poco conocidos. Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti por comentar y pasarte. Un saludo!

      Eliminar
  2. En el ámbito psicológico la palabra todo, saberlo todo, lleva al desorden y la confusión. Porque nosotros somos una parte del todo. Y la parte no puede abarcar al todo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Me haces reestructuración cognitiva? ¡Qué me dejo! jaja

      Claro que sí, tu afirmación es completamente correcta si hablásemos de un pensamiento, estaría teniendo un pensamiento polarizado (todo/nada, siempre/nunca, todos/nadie,...). Sin embargo objeto en que el tema tratado sea considerado como un pensamiento polarizado. Solomon, o S (como Luria lo llamaba) recordaba todo con detalles, algo medible y objetivo.

      Gracias por tu opinión y por pasarte Toni, un saludo.

      Eliminar

Por favor, antes de comentar lea las normas de uso. Gracias.