21 abril 2015

La zanahoria, el huevo y el café


Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y de lo difícil que le resultaban las cosas. Estaba desesperada y cansada de luchar. No sabía como hacer para seguir adelante, creía que se daría por vencida. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro…

Su padre, que era chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas empezó a hervir. En una de las ollas colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

Su hija esperó impacientemente, preguntándose que estaría haciendo su padre… A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.


Por fin se giró hacia ella y mirándole, le dijo: “Querida hija, ¿qué ves?

-“Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta. 

Le hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias, para que notara que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Tras quitarle la cáscara, observó el huevo duro. Después le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: -“¿Qué significa esto, padre?

El entonces le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: el agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte y dura, pero después de pasar por el agua hirviendo, se había vuelto débil y fácil de deshacer. 
El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. 
Los granos de café sin embargo, eran únicos. Después de estar en el agua hirviendo, habían cambiado al agua.

– “¿Cuál eres tú? Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?”, le preguntó a su hija.

¿Eres una zanahoria que parece fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?

¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido… te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero… ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?.

¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición, el café alcanza su mejor sabor.

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen feas, tú reaccionas positivamente y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

Y tú, ¿cuál de los tres quieres ser?



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Imagen/ imglobal

4 comentarios:

  1. Yo soy como un huevo, ahora me doy cuenta que me has hecho reflexionar. que podemos hacer para ser cafe?

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    1. Hola! Pasa por el post de la resiliencia, utiliza el buscador (arriba a la derecha en el botón de buscar). Te servirá de ayuda. Gracias por comentar. Un saludo.

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