17 marzo 2015

El complejo de Jonás o el miedo a la propia grandeza

¿Por qué todos nacemos con un potencial ilimitado y sin embargo pocas personas realizan esas posibilidades? 



Una de las razones que Maslow adelantó es lo que llamó "el complejo de Jonás". Este complejo hace referencia al "miedo a la propia grandeza", el evitar nuestro verdadero destino o huida de nuestros mejores talentos. 
El Jonás bíblico era un tímido comerciante que intentó resistir la llamada de Dios para llevar a cabo una importante misión. Le resultó inútil, Yaveh lo encontró y desató las tempestades que harían a los marineros tirar a Jonás del barco y que éste acabara dentro de la ballena. Una vez vomitado del cetáceo, se dirigió a Nínive y cumplió con su destino llevando el mensaje de Dios. 

Maslow observó que tememos a lo mejor de nosotros mismos tanto como tememos a lo peor. Quizás parece demasiado terrible tener una misión en la vida, así que en lugar de eso nos limitamos a buscar una serie de trabajos para sobrevivir. Todos tenemos momentos perfectos en los que vislumbramos de qué somo realmente capaces, en los que sabemos que somos grandes. "Y sin embargo -observa Maslow-, simultáneamente temblamos de debilidad, respeto y miedo ante estas mismas posibilidades".

Le gustaba formular a sus alumnos preguntas como: "¿Quién de vosotros pretende ser Presidente?" o "¿Quién de vosotros llegará a ser un líder moral inspirador como Albert Schweitzer?" Cuando se avergonzaban o se ruborizaban, les preguntaba: "Si no sois vosotros, ¿quién va a ser?" Eran personas que se estaban formando para ser psicólogos, pero Maslow les preguntaba qué sentido tenía aprender a ser un psicólogo mediocre. Hacer solo lo justo para ser competente, les decía, era una perfecta receta para una profunda infelicidad en la vida. Huirían de sus propias capacidades y posibilidades. Maslow recodaba la idea de Nietzsche sobre el eterno retorno; esto es, que la vida que llevamos ha de vivirse una y otra vez hasta la eternidad, como en la película Un día en la vida de una marmota. Si viviéramos con esta ley en mente, sólo haríamos lo que fuese verdaderamente importante.

Algunas personas evitan intentar ser grandes porque temen ser vista como grandiosas, como que aspiran a demasiado. Pero esto puede no ser más que una excusa para no intentarlo. En lugar de ello, adoptamos una falsa humildad y nos ponemos objetivos simples y fáciles. La posibilidad a ser notable, para muchas personas corrientes, es como sentir que se les viene encima una tormenta de temor. De pronto se dan cuenta de que llamarían la atención. El complejo de Jonás es, en parte, un miedo a perder el control, un miedo a la posibilidad de sufrir una transformación total del "hombre viejo" que éramos.

Hay varios motivos que nos boicotean a la hora de poner en marcha nuestros talentos. Uno de ellos es que nuestro potencial nos lleve a una situación que seamos incapaces de afrontar, otro es el miedo a ser juzgados o a equivocarnos. La autorrealización requiere valor y coraje de nuestra parte. La persona creativa tiene que ser valiente y perder el miedo a equivocarse, pues la equivocación nos acerca un poco más a nuestro destino y a nuestra verdadera vocación.

La sugerencia de Maslow era ésta: tenemos que equilibrar los objetivos sublimes con el tener los pies en la tierra. La mayoría de las personas tienen demasiado de uno y no suficiente de otro. Al estudiar a las personas autorrealizadas y con éxito, se descubre que han armonizado ambas cosas; esto es, miran hacia el cielo pero están enraizados en la tierra.

¿Nos habrá tragado una ballena 

sin siquiera darnos cuenta?


Fuente/ "50 Clásicos de la Psicología" (2008). Tom Butler-Bowdon
Imagen/ obtenida de flickr. Autor: superblinkymac

5 comentarios:

  1. Buenas, si yo creo que me a tragado la ballena...

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  2. Q cosas mas interesantes nos escribes. Me encanta este blog!!!

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  3. Tal como dice Javier Urra:
    "En la vida, para llevar a cabo nuestros sueños, debemos soñar y saber despertar a tiempo."

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  4. PAPA FRANCISCO
    El síndrome de Jonás
    viernes 18 de octubre de 2013
    Hay una grave enfermedad que amenaza hoy a los cristianos: el «síndrome de Jonás», aquello que hace sentirse perfectos y limpios como recién salidos de la tintorería, al contrario de aquellos a quienes juzgamos pecadores y por lo tanto condenados a arreglárselas solos, sin nuestra ayuda. Jesús en cambio recuerda que para salvarnos es necesario seguir el «signo de Jonás», o sea, la misericordia del Señor. Es éste en sustancia el sentido de la reflexión que propuso el Papa Francisco durante la misa celebrada el lunes 14 de octubre.
    Comentando las lecturas de la liturgia, tomadas de la carta de san Pablo a los Romanos (1, 1-7) y del Evangelio de Lucas (11, 29-32), el Pontífice inició precisamente por aquella «palabra fuerte» con la que Jesús se dirige a un grupo de personas llamándolas «generación perversa». Es «una palabra —observó— que casi parece un insulto: esta generación es una generación perversa. ¡Es muy fuerte! Jesús, tan bueno, tan humilde, tan manso, pero dice esta palabra». Sin embargo, como explicó el Pontífice, Él no se refería ciertamente a la gente que le seguía; se refería más bien a los doctores de la ley, a los que buscaban ponerle a prueba, hacerle caer en una trampa. Era toda gente que le pedía signos, pruebas. Y Jesús responde que el único signo que se les dará será «el signo de Jonás».
    ¿Pero cuál es el signo de Jonás? «La semana pasada —recordó el Papa— la liturgia nos ha hecho reflexionar sobre Jonás. Y ahora Jesús promete el signo de Jonás». Antes de explicar este signo, el Papa Francisco invitó a reflexionar sobre otro detalle que se deduce de la narración evangélica: «el síndrome de Jonás», lo que el profeta tenía en su corazón. Él «no quería ir a Nínive y huyó a España», dijo el Santo Padre. Pensaba que tenía las ideas claras: «la doctrina es ésta, se debe creer esto. Si ellos son pecadores, que se las arreglen; ¡yo no tengo que ver! Este es el síndrome de Jonás». Y «Jesús lo condena. Por ejemplo, en el capítulo vigésimo tercero de san Mateo los que creen en este síndrome son llamados hipócritas. No quieren la salvación de esa pobre gente. Dios dice a Jonás: pobre gente, no distinguen la derecha de la izquierda, son ignorantes, pecadores. Pero Jonás continúa insistiendo: ¡ellos quieren justicia! Yo observo todos los mandamientos; ellos que se las arreglen».
    He aquí el síndrome de Jonás, «que golpea a quienes no tienen el celo por la conversión de la gente, buscan una santidad —me permito la palabra— una santidad de tintorería, o sea, toda bella, bien hecha, pero sin el celo que nos lleva a predicar al Señor». El Papa recordó que el Señor «ante esta generación, enferma del síndrome de Jonás, promete el signo de Jonás». Y añadió: «En la otra versión, la de Mateo, se dice: pero Jonás estuvo en la ballena tres noches y tres días... La referencia es a Jesús en el sepulcro, a su muerte y a su resurrección. Y éste es el signo que Jesús promete: contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, contra esta actitud de un grupo de fariseos».
    Para aclarar más el concepto, el Obispo de Roma se refirió a otra parábola del Evangelio «que representa bien lo que Jesús quiere decir. Es la parábola del fariseo y del publicano que oran en el templo (Lucas 14, 10-14). El fariseo está tan seguro ante el altar que dice: te doy gracias Dios porque no soy como todos estos de Nínive ni siquiera como ese que está allí. Y ese que estaba allí era el publicano, que decía sólo: Señor ten piedad de mí que soy pecador».
    El signo que Jesús promete «es su perdón —precisó el Papa Francisco— a través de su muerte y de su resurrección. El signo que Jesús promete es su misericordia, la que ya pedía Dios desde hace tiempo: misericordia quiero, y no sacrificios».

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  5. PAPA FRANCISCO
    El síndrome de Jonás
    viernes 18 de octubre de 2013
    He aquí el síndrome de Jonás, «que golpea a quienes no tienen el celo por la conversión de la gente, buscan una santidad —me permito la palabra— una santidad de tintorería, o sea, toda bella, bien hecha, pero sin el celo que nos lleva a predicar al Señor». El Papa recordó que el Señor «ante esta generación, enferma del síndrome de Jonás, promete el signo de Jonás». Y añadió: «En la otra versión, la de Mateo, se dice: pero Jonás estuvo en la ballena tres noches y tres días... La referencia es a Jesús en el sepulcro, a su muerte y a su resurrección. Y éste es el signo que Jesús promete: contra la hipocresía, contra esta actitud de religiosidad perfecta, contra esta actitud de un grupo de fariseos».
    Para aclarar más el concepto, el Obispo de Roma se refirió a otra parábola del Evangelio «que representa bien lo que Jesús quiere decir. Es la parábola del fariseo y del publicano que oran en el templo (Lucas 14, 10-14). El fariseo está tan seguro ante el altar que dice: te doy gracias Dios porque no soy como todos estos de Nínive ni siquiera como ese que está allí. Y ese que estaba allí era el publicano, que decía sólo: Señor ten piedad de mí que soy pecador».
    El signo que Jesús promete «es su perdón —precisó el Papa Francisco— a través de su muerte y de su resurrección. El signo que Jesús promete es su misericordia, la que ya pedía Dios desde hace tiempo: misericordia quiero, y no sacrificios». Así que «el verdadero signo de Jonás es aquél que nos da la confianza de estar salvados por la sangre de Cristo. Hay muchos cristianos que piensan que están salvados sólo por lo que hacen, por sus obras. Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta a ese amor misericordioso que nos salva». Las obras solas, sin este amor misericordioso, no son suficientes.
    Por lo tanto «el síndrome de Jonás afecta a quienes tienen confianza sólo en su justicia personal, en sus obras». Y cuando Jesús dice «esta generación perversa», se refiere «a todos aquellos que tienen en sí el síndrome de Jonás». Pero hay más: «El síndrome de Jonás —afirmó el Papa— nos lleva a la hipocresía, a esa suficiencia que creemos alcanzar porque somos cristianos limpios, perfectos, porque realizamos estas obras, observamos los mandamientos, todo. Una grave enfermedad, el síndrome de Jonás». Mientras que «el signo de Jonás» es «la misericordia de Dios en Jesucristo muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación».
    «Hay dos palabras en la primera lectura —añadió— que se relacionan con esto. Pablo dice de sí mismo que es apóstol, no porque haya estudiado, sino que es apóstol por llamada. Y a los cristianos dice: vosotros sois llamados por Jesucristo. El signo de Jonás nos llama». Que la liturgia del día, concluyó el Pontífice, nos ayude a comprender y a hacer una elección: «¿Queremos seguir el síndrome de Jonás o el signo de Jonás?».

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