07 enero 2015

Abre tus alas y vuela

Imagen/ felpef 

Érase una vez un granjero que mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho malherido. Se lo llevó a su casa, lo curó y lo puso en su corral donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a comportarse como estos. 

Un día, un naturalista que pasaba por allí le preguntó al granjero: 

- ¿Por qué este águila, la reina de todas la aves y pájaros, permanece encerrada en el corral con los pollos? 

El granjero contestó: 

- Me la encontré malherida en el bosque y, como la he dado la misma comida que a los pollos y la he enseñado a ser como un pollo, no ha aprendido a volar. Se comporta como los pollos y, por tanto, ya no es un águila. 

El naturalista dijo: 

- El tuyo me parece un bello gesto, haberla recogido y curado. Además la has dado la oportunidad de sobrevivir. La has proporcionado la compañía y el calor de los pollos de tu corral. Sin embargo tiene corazón de águila y, con toda seguridad, se la puede enseñar a volar. ¿Qué te parece si la ponemos en situación de hacerlo? 

- No entiendo lo que me dices. Si hubiera querido volar, lo hubiese hecho. Yo no se lo he impedido.

- Es verdad. Tú no se lo has impedido. Pero, como tú muy bien decías antes, como la enseñaste a comportarse como los pollos, por eso no vuela. ¿Y si le enseñáramos a volar como las águilas? 

- ¿Por qué insistes tanto? Mira, se comporta como los pollos y ya no es un águila. ¿Qué la vamos a hacer? Hay cosas que no se pueden cambiar. 

- Es verdad que en estos últimos meses se está comportando como los pollos. Pero tengo la impresión de que te fijas demasiado en sus dificultades para volar. ¿Qué te parece si nos fijamos ahora en su corazón de águila y en sus posibilidades de volar? 
- Tengo mis dudas porque ¿qué es lo que cambia si en lugar de pensar en las dificultades pensamos en las posibilidades? 

- Me parece una buena pregunta la que me haces. Si pensamos en las dificultades, es más probable que nos conformemos con su comportamiento actual. Pero ¿no crees que si pensamos en las posibilidades de volar, esto nos invita a darle oportunidades y a probar si esas posibilidades se hacen efectivas?

 - Es posible. 

- ¿Qué te parece si probamos? 

- Probemos. 


Animado, el naturalista al día siguiente sacó al aguilucho del corral, lo cogió suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana. Le dijo: 

- Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo. 

Estas palabras persuasivas no convencieron al aguilucho. Estaba confuso al ver desde la loma a los pollos comiendo. Se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y tuvo miedo. 

Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo: 

- Eres un águila. Abre las alas y vuela. Puedes hacerlo. 

El aguilucho tuvo miedo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturalista y saltó una vez más hacia el corral. 

Muy temprano al día siguiente el naturalista llevó al aguilucho a una elevada montaña. Una vez allí le animó diciendo: 

- Eres un águila. Abre las alas y vuela. 

El aguilucho miró fijamente los ojos del naturalista. Éste, impresionado por aquella mirada, le dijo en voz baja y suavemente: 

- No me sorprende que tengas miedo. Es normal que lo tengas. Pero ya verás cómo vale la pena intentarlo. Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila. Además, estos días pasados, cuando saltabas, pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas. 

El aguilucho miró alrededor, abajo hacia el corral, y arriba hacia el cielo. Entonces el naturalista la levantó hacia el sol y la acarició suavemente. El aguilucho abrió lentamente las alas y finalmente con su grito triunfante voló alejándose en el cielo. Había recuperado por fin sus posibilidades.

Imagen/ Francisco Montero 

2 comentarios:

  1. Gran entrada para comenzar el año, buenos consejos, explora tus posibilidades. Un abrazo ¡

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  2. Rocío, gran metáfora de cómo muchas personas, pensando que hacen lo mejor no permiten que los otros se expresen en toda su plenitud y una buena muestra de cómo la confianza que tengamos en los demás hará que estos se sientan más seguros de sus capacidades.
    Genial!!!

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