22 julio 2014

El presente es pasado

Vivir el presente está de moda, más conocido como atención plena o mindfulness en el campo de la Psicología. Todo el mundo habla sobre ello, pero ¿hasta qué punto es esto posible? 

Evidentemente vivir el presente es necesario y lo que de alguna forma u otra todos buscamos. Todos tenemos más o menos establecido ―al menos a nivel intelectual― que aprender a vivir el presente tiene que ver con nuestro nivel de felicidad. 

No hay nada más fuerte que conectarse con el presente. Todos los momentos intensos de nuestra vida tienen el sello de haber estado conectados con el momento en el que estamos situados. Y, de alguna forma, todos buscamos y somos adictos a este nivel de conexión. Algunos lo perciben al saltar al vacío mientras realizan algún tipo de deporte extremo, a otros les basta con oler una flor o contemplar un paisaje. Esa conexión total con lo que percibimos es lo que nos hace sentir que estamos vivos; más allá del cúmulo de neuroquímicos que circulan por nuestro cuerpo generando tal o cual estado emocional, está nuestra conciencia alegrándose de estar viva. 

Pero vivir totalmente en el presente es biológicamente imposible. Tenemos la ilusión de estar viviendo de modo consciente el presente, pero en realidad vamos siempre con retraso. El hecho es que nuestra conciencia (el hecho darnos cuenta de lo que nos pasa) demora unos 500 milisegundos (unos dos parpadeos del ojo) en enterarse de lo que percibimos a través de nuestros sentidos. Por eso, podemos decir que desde el punto de vista estrictamente científico lo que entendemos por presente es en realidad pasado cercano. 

Permanentemente nuestra unidad cuerpo-cerebro-mente está relevando el mundo exterior e interior traduciendo lo percibido (luz, sonido, vibraciones, temperatura, falta de azucares, etc.) en el lenguaje del sistema nervioso: los impulsos electromagnéticos. De esta forma nuestras neuronas pueden “hablar” entre sí. Esta información es dirigida, evaluada y comparada en nuestro cerebro con la información que tenemos en nuestros bancos de memoria produciendo las respuestas que determinan nuestras reacciones y acciones.

Sinapsis neuronal

Por suerte es realmente muy, muy poco el tiempo de retraso y esto nos pone a pensar lo maravillosamente adaptada que está nuestra unidad cuerpo-cerebro-mente ya que si el retraso fuera más grande sería caótico.  

¿Has hablado en una fiesta con la música a todo volumen alguna vez? Esto es lo que le pasa a nuestra mente cuando estamos estresados y llenos de pensamientos que nos preocupan. Es tanto el “ruido” que estos pensamientos generan que a nuestra conciencia le cueste “escuchar” otras cosas. Y por eso nos “desconectamos” de nuestros seres queridos, de la naturaleza, de todo lo “otro” que está pasando. Dejamos de ver el cuadro completo de nuestra vida y empezamos a “caer” cada vez con más retraso (si es que caemos) en lo bueno de la vida porque nuestra conciencia se queda atascada en los laberintos de las preocupaciones, los enfados y los lamentos. ¡Hay que estar atentos porque los milisegundos de retraso se pueden hacer eternos! Si no usamos nuestra capacidad de observar y estar conscientes podemos terminar, sin darnos cuenta de nada, como condenados a reacciones automáticas, inconscientes y rutinarias. 

La enorme cantidad de datos que procesamos en un brevísimo lapso de tiempo deja mal parado a cualquier ordenador. ¡Tenemos un hardware envidiable! Queda en nosotros qué tipo de nuevos programas queremos cargarle, cuantos virus mentales (creencias erróneas, desfasadas temporalmente, etc.) vamos a dejar que nos invadan y cada cuánto haremos las actualizaciones necesarias para adaptarnos al paso que marca los avances de la ciencia en todos los campos. 

Fuente: Teisaire, C. (2014). El presente es pasado. Descubriendo el cerebro y la mente (75), 18-20.
Imagen 1: elalisio.com
Imagen 2: laverdadyotrasmentiras.com

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