26 marzo 2014

¿Cuánto confías en los demás?

La confianza es la base de todas las relaciones y gobierna todas las interacciones que tenemos con los demás. Nadie podría conducir un coche o caminar por una acera, a bordo de un tren o de un avión, si no lo hiciéramos con la "confianza" de que otras personas se toman en serio sus responsabilidades, y obedecen cualquier regla que deba aplicarse para esa tarea. Confiamos en que otros conductores se quedarán en sus carriles, que los conductores y pilotos estarán sobrios y en alerta. Y que la gente en general, hace todo lo posible para cumplir con sus obligaciones para con nosotros. La cultura, la civilización y la comunidad dependen de la confianza.
Imagen/ Marta González Rivas

Como escribe Jeffry A. Simpson, "La confianza implica la yuxtaposición de las esperanzas y de las preocupaciones y temores más profundos." Esta descripción deja claro por qué tantas personas tienen problemas de confianza: para ellos, los beneficios de la cercanía y la intimidad se ven ensombrecidos por la posibilidad de recibir dolor o por la traición.

En las evaluaciones iniciales sobre si alguien es digno de confianza (la respuesta a la pregunta de "amigo o enemigo") se producirá automáticamente, fuera de la conciencia, gracias a nuestra historia evolutiva.Pero la verdad es que, incluso en el contexto de las relaciones íntimas, nuestras respuestas son el resultado de los modelos de trabajo que no percibimos conscientemente.


La capacidad humana para la confianza no viene impuesto en igualdad de condiciones; algunas personas son capaces de confiar más fácilmente que otras y son, de hecho, más dignos de confianza y, a juzgar la honradez.Una vez más, la naturaleza del apego a nuestros cuidadores en la infancia (tanto si es segura o insegura, y, dentro de la categoría de inseguro, ansioso o evitativo), determina la confianza que tenemos porque muestra como vemos el mundo y a la gente que nos rodea.Un niño que aprende la lección de que sus personas cercanas son confiables, confiará, y se hará cargo de ella. Saldrá al mundo con unos esquemas mentales y expectativas acerca de la interacción humana diferente a la de los niños de apego inseguro.

Por el contrario, el apego ansioso (los niños expuestos a una madre o un cuidador que es inconsistente, a veces una fuente de consuelo y, a veces ausente) se preocupa de que su pareja no estará disponible o sensible en un momento de necesidad. No confían en ellos para estar presentes y están ansiosos a la hora de confiar en ellos. El evitativo que en su infancia ha sufrido rechazado o incluso maltrato evita el contacto cercano queda claro que no van a  buscar ayuda, ya que no confían en absoluto, y que hacen lo que pueden para mantener su autonomía.

Ten en cuenta que estos esquemas mentales no son una función del proceso consciente, la confianza o la falta de la misma no se produce a través de procesos de pensamiento racional, pero se procesan de acuerdo a un guión mental que ni siquiera sabes que posees a menos que hayas estado en terapia o hayas llegado a una verdadera comprensión de cómo nuestras experiencias en la infancia nos han afectado.Aun así, en este momento, es posible que no reconozcas los patrones.

Una serie de experimentos realizados por Harriet S. Waters y Everett Waters era sorprendentemente clara en su resultado y en cómo funcionaban estos esquemas mentales. A los participantes se les dio una lista de palabras y como instrucciones se les pidió que escribieran una historia usando estas palabras. A modo de ejemplo, un juego de palabras fueron las relativas a la mañana de un bebé: madre, bebé, juego, manta, abrazo, sonrisa, historia, fingir, oso de peluche, perdido, encontrado, y la siesta. Aquellos con una bases con apego seguro contaban historias (a modo de resumen) que estaban llenos de interacción de la madre con un bebé feliz y satisfecho, junto con abrazos y sonrisas, y un oso de peluche que perdió momentáneamente y luego fue encontrado. Sin embargo, para el apego inseguro se imaginó una madre nerviosa que estaba distraída y así pierde el oso de peluche, o uno donde el bebé juega con su manta solo en su cuna y olvida contarle al niño una historia, pero cambia de opinión cuando puede encontrar el oso de peluche y el bebé se duerme solo en su cuna. En este último relato, las palabras "abrazo" y "sonrisa" nunca fueron utilizadas por el participante. Los experimentos también usaron los mensajes relativos a situaciones de adultos (un accidente de coche, por ejemplo) y encontraron que las narraciones eran consistentes con una base segura o no.

En un esfuerzo por ir más allá de la técnica rápida de palabras, Mario Mukincer, Philip Shaver, y otros ocho llevaron a cabo experimentos para estudiar la secuencia de comandos de base segura y descubrió que sirven de marco a través del cual las personas procesan la información acerca de sus relaciones, incluyendo las expectativas, los recuerdos y los juicios. Las personas con una base segura son más propensos a detectar los comportamientos de cuidado y son más precisos en sus percepciones de sus parejas, y también son más rápidos para ser comprensivos y perdonar si la pareja les decepciona de alguna manera.

Debido a que nuestros esquemas mentales son automáticos y no se percibe conscientemente, podemos combatir su efecto sobre la forma en que interpretamos los acontecimientos y las acciones al traerlos a la conciencia.



Fuente/ Simpson, Jeffry A. “Psychological Foundations of Trust,” Current Directions in Psychological Science (2007) vol. 16, no. 5, 264-268

1 comentario:

  1. Muy interesante. Cómo nuestras más tempranas experiencias marcan nuestro carácter y modelan nuestra personalidad. Es cierto que forma parte de nuestros esquemas cognitivos más profundos y sin intervención terapéutica no somos en absolutos conscientes. Creemos firmemente en que las personas no son dignas de confianza y lo llevamos hasta el extremo, confiados de q hacemos bien. Me ha gustado.

    ResponderEliminar

Por favor, antes de comentar lea las normas de uso. Gracias.