02 diciembre 2013

¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?

En el ámbito de la comunicación no-verbal (o “lenguaje del cuerpo") se da la circunstancia de que, tal como ocurre en otros campos de la psicología, todo el mundo “sabe” sobre el tema, y todo el mundo opina al respecto, osando negar, relativizar o matizar la palabra del verdadero experto. Lo que lleva a tomar este asunto como un "juego de niños" desde una visión distorsionada. 

Una creencia popular muy extendida es la que se refleja en el dicho “se pilla antes a un mentiroso que a un cojo”. En otras palabras: es fácil pillar al mentiroso. ¿Es correcta esta creencia?
En un estudio realizado por Bond y DePaulo hallaron que de cada 100 mensajes hay 47 que se juzgan erróneamente. Es decir, tenemos casi la misma probabilidad de acertar nuestros juicios que de fallarlos. Por tanto, la precisión de los detectores humanos al hacer juicios de credibilidad sobre la base de la observación del comportamiento es, pese a lo que dice la sabiduría popular, extremadamente limitada incluso en "expertos" (52.9% para los “expertos” y 56.9% para los “no-expertos”).

¿Qué detectamos más fácilmente? ¿Verdades o mentiras?
La investigación muestra que las personas identificamos con mayor facilidad verdades que mentiras. Esto es así porque presentamos una tendencia a considerar que los demás dicen la verdad, lo cual incrementa nuestra precisión al juzgar verdades y la reduce al juzgar las mentiras. 

Esto puede deberse a varias razones. Es posible que esté basada en un modo de procesamiento heurístico (elaboración de principios, estrategias, reglas y programas que faciliten la búsqueda de la vía de solución para problemas), o en el propio funcionamiento de la mente, que en principio representaría como cierta toda aquella información entrante que comprende,o puede derivarse de la estrategia adaptativa de creer los mensajes que se reciben, ya que en la vida cotidiana la mayor parte de ellos son ciertos.

Estos resultados arrojan que los seres humanos somos pésimos detectores de mentiras, nuestra confianza no se relaciona con la precisión de nuestros juicios, tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de detectar mentiras, nuestras creencias sobre los indicadores del engaño son erróneas y utilizamos claves equivocadas al hacer tales juicios. ¿Existe alguna esperanza de aprender a hacerlo bien?

Los datos científicos obtenidos se oponen frontalmente a las creencias populares y a lo que se afirma en la mayoría de los libros “de autoayuda”. Por tanto, no es cierto que la mentira sea fácilmente detectable.


Imagen: Flickr (biabbott)
Bibliografía: M, J. ¿Se pilla entes a un mentiroso que a un cojo? Sabiduría popular frente a conocimiento científico sobre la detección no-verbal del engaño. Papeles del Psicólogo, 2005. Vol. 26, pp. 78-91

1 comentario:

  1. El que dice una mentira no sabe qué tarea ha asumido, porque estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de esta primera... lo malo es que algunos lo consiguen.

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